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Crónica de un escándalo. La situación de Miceli en el gabinete nacional dio un giro luego de que el diario Perfil revelara que, durante un control de rutina de la Policía Federal en su despacho, se encontró una bolsa de papel madera en un placard de su baño privado.
La información no fue desmentida por el Palacio de Hacienda. Sólo se aclaró el monto de dinero que se hallaba en la bolsa: se dijo que era el equivalente a US$ 60.000. Luego se supo que eran $ 100.000 y US$ 31.000.
El misterioso hecho creció y obligó a la ministra a dar explicaciones a la prensa. Pero su versión, plasmada en una entrevista que concedió a LA NACION, Clarín , y Página 12 , más que acallar las críticas y las sospechas, las potenció.
Durante los últimos diez días, el fiscal federal Guillermo Marijuan obtuvo una serie de datos clave que, en principio, contradicen la versión que dio Miceli y desembocaron en el pedido para que la funcionaria declare ante la Justicia.
El eje de la pesquisa de Marijuan y del fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, es la ruta de los 100.000 pesos encontrados en el baño privado de la ministra. A diferencia de los dólares, ese dinero estaba cerrado al vacío y tenía una etiqueta del Banco Central con un número de lote, el 38057 bco 30.
Según la investigación, el dinero salió del Banco Central y fue en camiones de caudales hasta la Caja de Crédito Cuenca, una financiera del partido de San Martín. Ni Miceli, ni su hermano Horacio —que le prestó parte del dinero, según la propia ministra dijo a la prensa— son clientes de esa entidad.
El dato que aún está ausente es cómo llegó ese dinero al baño de Miceli. Ese camino seguirá, por ahora, como un interrogante más del escándalo.