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La noticia del robo del reloj de Manuel Belgrano, demuestra una vez más, lo poco que cuidamos nuestra historia, y a quienes la forjaron.
Más allá de sentirme dolida, como profesora de historia que soy, también me siento indignada, por la falta de compromiso de quienes cuidan las reliquias de nuestros próceres.
Se trata de un reloj de bolsillo con cadena que constituía toda la fortuna del héroe de la Independencia al momento de su deceso como consecuencia de la hidropesía, el 20 de junio de 1820, pocos días después de cumplir 50 años.
Pese a su destacada participación en la guerra de la independencia, Belgrano falleció sin bienes materiales en la misma casa del 430 de la avenida que hoy lleva su nombre, en la que había nacido y que había pertenecido a su padre.
La Asamblea del Año XIII lo había premiado con 40.000 pesos por sus victorias contra las fuerzas realistas, que este abogado y militar patriota donó para la construcción de escuelas públicas en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y la hoy boliviana Tarija.
Su pobreza al morir era tal que la lápida de su tumba fue improvisada con el mármol de una cómoda de su hermano Miguel. El gobierno le debía 18 meses de sueldo.