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Ayer vivimos un día doloroso, un día en el cual la represión dejó de ser llamada así, para llamarse “prevención”.
Las retenciones son inconstitucionales, porque no fueron dictadas por el Congreso, atribución que le fue conferida, a dicho órgano,por la Constitución Nacional. Nuestra Presidente (así es el cargo que ella detenta PRESIDENTE), no tiene esta atribución, salvo que sea delegada por un caso de necesidad y urgencia, que no existe.
Violando la Constitución Nacional, pasando por alto al Congreso (que ya no sesiona), ella impuso unas retenciones al campo del 40%. Retenciones que perjudican al mediano y pequeño productor agropecuario. Los grandes productores, siguen sin ser tocados.
Ayer Fernandez dijo: “no hubo represión, hubo advertencia”. El video que a continuación se muestra es claro: NO ERA UNA ADVERTENCIA, ERA REPRESIÓN.
Me extraña que un gobierno defensor de los DDHH, reprima. Me sorprendí al ver a Ebe de Bonafini abrazada a D’Elia, hace unos dias, y ayer marchando en apoyo al gobierno. Acaso hoy justifica la represión en donde murieron hijos y nietos?.
Es una pena ver políticos intentando justificar lo injustificable, mintiendo, y burlándose de los que los votaron.
Ganan como nunca
Por Nicolas Arceo (*) y Javier Rodríguez (**)
CENDA (Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino), marzo 2008
Incluso con el aumento de retenciones y con los actuales precios internacionales, la producción agraria mantiene niveles de rentabilidad elevadísimos.
El incremento de las retenciones a las exportaciones de los principales productos agrícolas y la transformación de su alícuota fija en móvil refuerzan la desvinculación de los precios internos respecto de los vigentes en el mercado internacional. Las retenciones a las exportaciones ya han demostrado su efectividad como un instrumento insustituible en el combate de la inflación, en un contexto de alza de los precios externos. La importancia de esa herramienta se hace más nítida ante los magros resultados que se observan en el último tiempo con los acuerdos de precios, muchas veces implementados caricaturescamente.
La necesidad de incrementar los niveles de retenciones queda en evidencia al observar los precios de los principales cultivos agrícolas durante los últimos meses. Con respecto al valor promedio que registraron en 2006 y 2007, en la actualidad se observa un aumento del 86,9 por ciento en el caso del girasol, de un 75,7 por ciento en la soja y de un 59,2 y 43,4 por ciento en el caso del maíz y del trigo, respectivamente. El precio internacional de estos productos en dólares constantes es el más alto de los últimos 25 años, con la única excepción del maíz, que registró cifras similares en 1996.
Como se ha señalado desde las organizaciones agrarias, la aplicación de retenciones como medida antiinflacionaria tiene como contracara la reducción de la rentabilidad de las explotaciones agropecuarias. La amenaza es que podría contraer la producción. Pero este argumento no es válido en la coyuntura actual: los niveles de imposición vigentes no la afectan negativamente.
Los elevados precios internacionales, juntamente con el mantenimiento de una moneda depreciada, han permitido un incremento muy significativo de la rentabilidad en el sector agropecuario en la post-convertibilidad, aun con la aplicación de retenciones. En 2007 se ubicó un 72 por ciento por encima de la registrada durante la vigencia del plan de convertibilidad (ver cuadro). En este contexto, la elevación de las alícuotas de exportación no sólo no genera una reducción de los márgenes de rentabilidad con respecto a los registrados en la campaña 2006/07 sino que, más aún, involucra un alza del 43 por ciento de mantenerse los precios vigentes.
Estos altos niveles de rentabilidad en el sector agropecuario se han traducido en un extraordinario incremento en el valor de la tierra, especialmente en la región pampeana. Por ejemplo, en 2007 el precio en dólares de la tierra en la región maicera de la provincia de Santa Fe se ubicó un 171 por ciento por encima de los valores registrados en el quinquenio 1995–1999.. A comienzos de 2008, los precios continúan evidenciando una tendencia alcista. El incremento general de la rentabilidad presenta, sin embargo, ciertas heterogeneidades al interior del sector. En este sentido, el aumento de la alícuota de las retenciones podría afectar la rentabilidad en las pequeñas explotaciones, como consecuencia de los menores niveles de rentabilidad preexistentes originados en las escalas de producción más chicas.
No menos importante en cuanto medida adoptada es el efecto de la ampliación de las retenciones diferenciales sobre la propia producción agropecuaria, a través de la modificación de las rentabilidades relativas entre las distintas producciones. El incremento de las retenciones a la producción sojera eleva la rentabilidad relativa de otros cultivos, así como de la producción ganadera. En el caso de esta última actividad, que mantiene una elevada rentabilidad absoluta, la mejora de la relativa podría permitir la expansión ganadera en terrenos antes dedicados a la producción agrícola. Se trata de un efecto relevante por cuanto podría evitar, en el mediano plazo, las significativas restricciones en la oferta que han afectado ya el abastecimiento de los mercados internacionales.
En pocas palabras, el aumento de la alícuota de las retenciones hace prever una mayor recaudación fiscal, sin afectar negativamente la producción primaria. Queda, sin embargo, todavía pendiente un debate acerca de qué se hace con esos fondos adicionales que ingresan a las arcas públicas. Esa es la segunda parte de esta historia que no está aún precisada.
(*) Investigador de Flacso y de Cenda.
(**) Investigador de la UBA y de Cenda. http://www.cenda.org.ar
Querido Enrique, me tomo el atrevimiento de mostrarte, para que te des cuenta, qué atribuciones tiene el P. Ejecutivo, y cuáles no, y para ello recurro a un fallo dictado en la provincia de Santa Fe, en donde se establece que el Poder Ejecutivo NO PUEDE APLICAR RETENCIONES MOVILES, ESA ES ATRIBUCION DEL CONGRESO: te dejó el link http://www.latinforme.com/articles/fallo-contra-las-retenciones-moviles-en-argentina/1110
Creo que nada mejor que un juez para explicar el porqué de la inconstitucionalidad de dichas retenciones.
No obstante esto, también en la ciudad de Mar del Plata, otro juez, las declaró inconstitucionales http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=1016393. Con esto querido Enrique, no me remonto a la época de Alfonsin, sino que me hago cargo del ahora, porque la responsabilidad es eso:HACERME CARGO DEL HOY, DEL AHORA.
La Constitucion Nacional, en los articulos que hasta ahora el gobierno nombra, no establecen ni hablan de retenciones moviles, Fernandez citó el articulo 4, que es alusivo al tesoro nacional, ergo, de qué habla Fernandez?
La casa esta en orden? Nunca lo estuvo, desde el año 45 en adelante nunca estuvo en orden. Creo que las papas comenzaron a quemar y buscan un culpable para la irresponsabilidad.
Quien la votó?. Es legítimo un gobierno que obtuvo solo el 20% de votantes?. Lee que es la ilegitimidad de gobierno, y que es el consenso político, ambos de los cuales, éste gobierno hoy carece.
Abrazos y que haya paz!.
Felices Pascuas, para Rico y el gobierno!
Julia: Los indices los dá el INDEC?.
Defiendo la Constitución, que en éste caso esta siendo violada, porque ella no puede aplicar retenciones moviles, solo es atribución del Congreso. Dos fallos, entre varios, lo explican detalladamente.
La redistribución, nunca existió, salvo que vivas en Bs As, porque el interior nunca vió un peso, ni de la coparticipación, ni de nada…no confundamos a la gente.
Nadie quiere que ella renuncie ni desestabilizar un gobierno, ya bastante nos costaron esos 5 nefastos presidentes, asi que defendemos la democracia…pero sin represión, ni fichajes.
Saludos
TRISTE, TODO ESTO ES MUY TRISTE
Si Andy. Lo peor de todo es que ella sigue en su necedad. Ahora abrió una puerta hacia el Congreso, cosa que ayuda en parte, pero no es para debatir la ley sino para que aprueben sin debatirla. Estamos como al principio, solo que con una luz de esperanza
Yo pienso que estamos como al principio pues en parte esta mujer tiene mas orgullo y mas fuerza y hay gente que cree en ella, y no se dan cuenta lo que les va a dejar cuando ella termine su gobierno, …si lo termina!!
8:54 pm
Felices pascuas
Desde que empezó el “conflicto del campo”, imágenes, discursos y muchas palabras se suceden a un ritmo vertiginoso que llega a marear. No es que no haya reflexión, ha habido mucha. Pero todo pasa tan rápido y se dicen tantas cosas, que algunas pasan de largo. Algunos discursos dejan flotando en el aire ideas que son aceptadas sin discusión y que van formando un sedimento de palabras que se acumulan, estableciendo límites para los debates futuros. Algunas de las cosas que parecen tenerse por ciertas merecerían un análisis más profundo.
“Sigan reprimiendo, como los milicos”, me dijo un amigo enojado porque rechacé un mensaje de texto en el que me llamaba a “un nuevo cacerolazo para decirle basta a Cristina”. Represión, dijo Eduardo Buzzi. Represió, dijeron varios noteros por televisión. “Nunca se ha visto semejante cantidad de… empujones”, dijo el titular de la Federación Agraria. No puedo creer que mi amigo y otros hayan olvidado el significado de la palabra represión. Un juez ordenó despejar la ruta. La gendarmería advirtió tres veces. “Que venga Aníbal Fernández a sacarnos”, dijo micrófono en mano el señor De Ángeli. Fue detenido por unas horas junto con otras personas y, luego de que se realizaron los debidos trámites procesales que establece la ley, fue liberado. No hubo palos, ni gases, ni golpes, ni balas de goma, ni nada de lo que quienes hemos participado más de una vez en una manifestación y fuimos reprimidos —en democracia— asociamos con esa palabra. Entiendo que las señoras de Recoleta que por primera vez participan de una protesta no conozcan el olor de los gases lacrimógenos, pero muchos de los que lo hemos olido nos sentimos indignados cuando se usa la palabra represión para referirse a lo que pasó ayer. La comparación con los milicos es aún más absurda, creo que no necesito explicar por qué.
El Gobierno tomó medidas inconsultas, dijeron las entidades empresarias del campo luego de los últimos anuncios de la Presidenta, que establecían modificaciones en el sistema de retenciones móviles, entre otras medidas. Inconsultas, repitieron a coro varios periodistas con programa propio en televisión. Inconsultas, dijo la oposición. ¿Desde cuándo un gobierno legítimo, elegido por el voto popular, tiene que consultar a las entidades empresarias antes de tomar medidas de política económica? Bueno, sí, claro, ya sé. Esto ha pasado muchas veces. Bienvenido sea que el Gobierno no pida permiso a Luciano Miguens antes de ejercer el mandato que le dimos quienes no tenemos su fortuna ni vivimos en una casa como la suya.
El Gobierno no fue a la audiencia con el Defensor del Pueblo, desconociendo así a un organismo de la Constitución, repitieron todos durante los dos o tres días que duró la noticia. No hay dudas de que la Defensoría del Pueblo es un organismo de la Constitución, como tantos otros. Pero si la Cámara de Diputados, cuya existencia también emana de la Carta Magna, decidiera citar a un ciudadano a declaración indagatoria, o un juez dictara un decreto de necesidad y urgencia, o la Presidenta sobreseyera a un procesado, o el Procurador General sancionara una ley, la constitucionalidad de los cargos no conllevaría necesariamente la constitucionalidad de tales actos. El Defensor del Pueblo no participa en la definición de las políticas económicas del Poder Ejecutivo. Tampoco debe actuar de vocero de corporaciones, ni mediar en conflictos nacidos de la oposición de un sector económico a una política pública.
“El Gobierno debe dialogar con el campo” es la consigna más escuchada. El Gobierno, representante de los intereses del conjunto, puede dialogar con cualquier sector, pero no lo hace en igualdad de condiciones. Los jugadores no dialogan con el referí de igual a igual, ni los jueces con el abogado defensor o el querellante. El Gobierno tiene la función de gobernar y, si bien puede dialogar con cualquier sector, sus decisiones no están sometidas al acuerdo ni al consenso de facciones ni de representantes de intereses sectoriales. Si no, esto no sería una democracia. Ahora bien, el Gobierno ha dialogado con las entidades empresarias que conducen el lock out del campo, pero lo que no ha hecho es aceptar sus imposiciones. Dialogar, para algunos, parece equivaler a eliminar las retenciones móviles, y el Gobierno parece estar decidido a no hacerlo, menos aún con las rutas cortadas o la amenaza de que se corten. Eso no es falta de diálogo, es simplemente un ejercicio responsable del mandato popular que la Presidenta obtuvo hace menos de un año en elecciones libres. El país no puede permanecer noventa días de rehén de un sector económico. ¿Qué pasaría si mañana los empresarios del transporte público de pasajeros dijeran que si el Gobierno no aumenta los boletos no hay más colectivos? ¿Qué pasaría si Edesur corta la luz a todo el país durante 90 días en protesta porque consideran que sus márgenes de rentabilidad son insuficientes con el actual cuadro tarifario?
“El campo” ha sido desde el primer día el sintagma nominal colocado como sujeto del lock out empresario y sus reclamos. ¿Hablamos de los campesinos sin tierra? ¿De los peones rurales? ¿De las familias explotadas por la oligarquía? No, hablamos de una parte de “el campo”, que son los que producen soja para exportación. Es ese sector el que se ve afectado por las retenciones. Y puede dejar de vender durante noventa días porque tiene con qué. La verdulera de mi barrio, si cierra la verdulería por noventa días, ya no podría volver a abrirla, ni tendría cómo darle de comer a sus hijos. Quizás por eso, en mi barrio no se escuchan cacerolas desde diciembre de 2001.
En octubre del año pasado, casi cinco de cada diez argentinos votamos por la ciudadana Cristina Fernández para que ejerciera durante cuatro años el cargo de Presidenta de la Nación. Lo hicimos sabiendo que proponía la continuidad de una política que había comenzado en 2003 cuando el ciudadano Néstor Kirchner juró como titular del Poder Ejecutivo.
La Presidenta no ha cambiado los ejes centrales de esa política, que a algunos sectores de la población no les gusta. No les gusta, por ejemplo, a la mayoría de los vecinos de algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires, como Barrio Norte, Recoleta y Belgrano. No les gusta a quienes, en un período de altísima rentabilidad y enormes ganancias, no están de acuerdo con soportar una carga impositiva más pesada que, lejos de impedirles ganar mucho dinero, no los deja ganar tanto como querrían. No les gusta a otros sectores menores, como los admiradores de Pando y compañía, por motivos que todos conocemos.
Todos esos sectores tienen derecho a que no les guste la Presidenta. Pueden considerarla una resentida montonera o una soberbia autista, como dicen en los mails que reenvían a diario. Tienen derecho a manifestarse, a oponerse, a decir lo que quieran y a proponer alternativas políticas en las próximas elecciones. La ex diputada Carrió, quien lleva semanas advirtiendo que la Presidenta “perdió la legitimidad política”, fue candidata en octubre pasado y perdió por 25 puntos porcentuales de diferencia.
Hace noventa días que lo que está en discusión es eso: la legitimidad política del Gobierno.
Quienes votamos a Cristina y queremos que la dejen gobernar no nos vamos a cruzar de brazos viendo cómo desabastecen las góndolas de los supermercados e interrumpen las rutas nacionales por el tiempo que haga falta hasta que el Gobierno claudique y satisfaga sus demandas particulares. Y, más allá de que estemos en un todo de acuerdo con las retenciones o no —en lo personal, soy partidario de un modelo mucho más “estatista” en el que las retenciones no serían necesarias— o más allá de que podamos tener nuestras propias críticas con relación al Gobierno, no le perdonaríamos a Cristina que acepte que la democracia debe someterse a las imposiciones de las corporaciones empresarias, del campo o de la ciudad, del interior o de la Capital. No se trata de una cuestión geográfica, sino política.
Si el Gobierno cede, el problema no será el costo político que pague Cristina. El problema será que la democracia habrá perdido una de sus razones de ser. En ese sentido, aunque a algunos no les haya gustado, recordar las “Felices pascuas” de Alfonsín ha sido más que oportuno.
BRUNO BIMBI