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Al gobierno del Chaco le gusta ocultar cosas, primero fue el dengue, y ahora mediante decreto intentó ocultar las irregularidad del programa Paicha.
El decreto pretendía establecer que todos los gastos hechos por Manolo Bordón y su fundación estaban alcanzados por los objetivos del Programa, el primer mandatario intentó –avalado por el ministro de Economía Eduardo Aguilar-, en un osado juego de per saltum, sacar de las llamas al hombre que hoy le reclama el tercer lugar en la lista de diputados del Frente Chaco Merece Más. Paradójicamente, el Ejecutivo ordenó que ese decreto se publicara “en forma sintetizada”, es decir no con su texto completo, pero un descuido del Boletín Oficial, que está en la órbita de la poderosa secretaria General, Elda Pértile, permitió que su texto se reprodujera íntegramente y así tomara estado público.
Pero, ni con ese decreto, Bordón y el programa pudieron sortear los cuestionamientos que hizo el Tribunal de Cuentas. En diciembre del año pasado, una fiscal, la contadora Irma Alicia Pedrozo de Vega, firmó el requerimiento 21/08, emplazando a la Fundación a presentar documentación que avale cuestiones elementales como un padrón de beneficiarios de las mercaderías rendidas, o constancias de la recepción de mercaderías presuntamente compradas.
Hay cientos de miles de pesos rendidos en honorarios, cuando el programa de la Fundaqom establecía que la “única categoría de aceptación sería la del voluntariado”. Se aclaraba sí que la única remuneración serían los “viáticos”.
Para colmo, no hay en la documentación aportada por la Fundación al Tribunal ni una sola copia de alguno de los contratos celebrados con el personal, entre ellos, varios profesionales de Corrientes o de Formosa.
Todos los contratados facturaban sus honorarios, y casi todos parecían estar debutando en el trabajo. Las facturas, son en muchos casos, la primera del talón, entre ellos médicos, administrativos, serenos, odontólogos, veterinarios.
Pese a que públicamente Manolo Bordón afirmó que hacía imprimir el dígito pulgar en la constancia de recepción de las mercaderías, no se presentó ante el Tribunal de Cuentas un listado de beneficiarios, y hay dudas de que exista un padrón.
Las mercaderías originalmente se entregaban en “Cajas Paicha” que debía tener un estándar de mercaderías. Sólo en una primera ocasión se cumplimentó con esto. Para la segunda vez, las cajas contenían menos mercaderías que la primera, y luego, las cajas se transformaron en bolsas, que debían distribuirse cada 15 días, en teoría.
Cada una de las bolsas, señaladas en la rendición como “módulos alimentarios”, tenía un valor superior a los 100 pesos. Sólo para tener un detalle de lo que este monto representa, hay que tener en cuenta que la actual “tarjeta alimentaria” del Ministerio de Desarrollo Social habilita un crédito de 60 pesos por mes y las bolas del Paicha valían casi el doble, además, de que presuntamente se entregaban dos veces por mes.