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En determinado momento, el sospechoso, que estaba vestido de traje, entró a la sala del tribunal y preguntó: “¿Dónde está la salida?”.
Un emeplado, confundiéndolo con un abogado, lo acompañó hasta el patio de entrada, donde el reo tranquilamente recuperó su libertad dirigiéndose a la casa de su madre, donde la anciana, según relató al New York Post: “¡Pensé que lo habían liberado, porque estaba tan bien vestido!”, dijo.